
Víctor de la Fuente (Riocaliente, 1927 - Le Mesnil Saint Denis, 2010) se forma artísticamente en el estudio de López Blanco. A la edad de dieciocho años viaja a América, trabajando en Buenos Aires y Santiago de Chile.
En 1960, vuelve a España e ingresa en la agencia Selecciones Ilustradas de Toutain, dibujando para la Fleetway y la DC Thompson, e iniciando Sunday , un western con guiones de Víctor Mora.
En 1971, para la revista Trinca, concibe Haxtur, tal vez su máxima creación, una obra que luego sería refrendada con Mathai-Dor, realizada también para la misma cabecera madrileña.
En 1973 se establece en Francia, realizando tebeos tan afamados como: Amargo, Los Gringos, Los Ángeles de Acero, La Siberiana y, sobre todo, Haggarth, una obra que tiene en su esencia la impronta de Haxtur.
La increíble habilidad de Víctor de la Fuente como dibujante es legendaria entre los amantes del cómic patrio. Se dice que era capaz de realizar hasta tres páginas enteras diarias, perfectamente abocetadas, entintadas y coloreadas. Una destreza que, para sus colegas, se revelaba como una envidiable exhibición artística francamente apabullante.
En Trinca
Corría el año 1972 y Trinca estaba en su máximo apogeo. El éxito de esta revista, editada por Doncel, había traspasado nuestras fronteras y era muy solicitada por lectores y coleccionistas del extranjero. Estas peticiones y este interés respondía a un hecho fácilmente verificable: Trinca era una magnífica publicación, en cuyo contenido se podían encontrar historietas de calidad realizadas por creadores de imponente clase. Uno de ellos era Víctor de la Fuente.
Cuando Víctor publica Haxtur en Trinca, se gana de una manera unánime el favor del lector hispano. El indómito y silencioso guerrero causa un verdadero impacto. Entonces todo el mundo quiere saber cosas del artista asturiano con pasaporte chileno.
Aureolado de un singular prestigio y en olor de desacostumbrada expectación, Trinca lanza un nuevo personaje de Víctor de la Fuente. Se trata de Mathai-Dor.
El entusiasmo del sufrido aficionado español de entonces llega a unas cotas de auténtico delirio. Una situación que se manifiesta explícitamente por las cartas que llegan a la revista agradeciendo la publicación de la serie. Tales misivas son elocuentes de su aceptación popular. La crítica de la época, normalmente apática y displicente, abandona su recalcitrante insatisfacción y aplaude sin reservas la historieta.
Mas un día, la alegría y la expectación de los seguidores de la saga se derrumban estrepitosamente. El inerme aficionado, siempre a merced de circunstancias empresariales ajenas a sus preferencias, ve con estupor cómo Mathai-Dor deja de aparecer en Trinca. En esos momentos, dibujante y editor rompen sus relaciones a causa de una disputa por derechos de autor, conflicto en el que Víctor tiene toda la razón. Lamentablemente, la obra queda inacabada a pesar de que las dos primeras historias ya estaban totalmente terminadas.
A partir de entonces, Trinca inicia un fatal declive que la llevará en pocos meses al limbo de las revistas desaparecidas.
Mathai-Dor al fin
Después de la amarga experiencia en Trinca, Víctor de la Fuente se instala en Francia y termina Mathai-Dor. En 1975, por fin, Hachette de París edita los dos volúmenes de este singular protagonista, conteniendo el material ya publicado en Trinca junto con la finalización del segundo álbum que quedó interrumpido en España.
El entendido público galo acoge con notable interés y curiosidad este importante personaje del artista asturiano, uno de los más destacados de su carrera profesional.
La nefasta maldición de la serie había quedado finalmente conjurada.
Víctor de la Fuente sentía una especial predilección por Mathai-Dor. Para él constituyó una gran alegría la definitiva publicación de su querido e indómito piel roja. Tanto fue así que, en aquel tiempo, me confesó su propósito de continuar la saga, manifestándome que el ciclo vital de Mathai-Dor no había hecho más que comenzar.
Loable intención que, lamentablemente, se quedó en frustrado proyecto.
La llama sagradaLa primera plancha de Mathai-Dor es sumamente expresiva. Recortes de prensa indican que una crisis a escala mundial llega a su punto álgido con la disolución de las Naciones Unidas. En dos viñetas se muestran sendas explosiones atómicas. Es el fin del mundo que conocemos.
La página siguiente explica brevemente todo el proceso que se desencadena a continuación. Nuestro destruido planeta atraviesa por un periodo glacial producido por una reducción de la gama del espectro solar. Luego, el frío se retira y una ola de calor convierte el globo terráqueo en una gigantesca selva, donde los pocos hombres que escapan al cataclismo viven en estado primitivo. Profundas mutaciones han afectado espectacularmente a la fauna. Muchos animales se han convertido en monstruos de aspecto antidiluviano.
El fuego, un elemento vital de subsistencia, se obtiene difícilmente a causa de la ausencia de rayos ultravioletas y es conservado por las tribus como un elemento clave de la existencia.
Un oso, herido de muerte, apaga la llama sagrada que arde mantenida por el clan de Mathai. Ese suceso es una verdadera catástrofe. ¿Cómo podrá sobrevivir aquel pueblo ante la próxima llegada de los grandes fríos?
Mathai-Dor, acompañado de su amigo Dago y de Vega, una fiel pantera negra, parte en busca de la llama sacra. Si no regresa con ella, todos sus hermanos perecerán irremediablemente.
Un sugestivo tebeo
Víctor de la Fuente dice lo siguiente de Mathai-Dor: "Está pensada como una historieta, pero con un propósito que no remite: la busca de la libertad. El individuo busca esa "llama" a través de unos personajes, sufre unos "choques"… Pretende básicamente lo mismo que Haxtur, pero su aventura está montada con una narrativa más rica, más próxima a lo que el lector busca en términos concretos".
Víctor de la Fuente se muestra como un autor completo. Él mismo confecciona el guión y compone el escenario que luego dará vida en imágenes. Este procedimiento trae consigo una cohesión máxima en su obra, ya que todo el conjunto de la historieta sale elaborado y programado directamente por la prodigiosa mente tebeística de Víctor.
Mathai-Dor está diseñado como una hábil mezcla de un cómic de ciencia ficción con otro de ambiente antediluviano, pero el mundo que nuestro héroe pisa no es desconocido por el lector, porque detrás de una montaña o en lo más profundo de una selva, puede surgir algo que lo deje anonadado. Como ocurrió en la escalofriante escena final de la versión cinematográfica de El Planeta de los Simios, cuando la Estatua de la Libertad aparece semienterrada en la solitaria playa o en La trampa diabólica, de E. P. Jacobs, en donde Mortimer, llevado por una máquina del tiempo, se pasea en el futuro por una ciudad en ruinas.
Las posibilidades que Mathai-Dor ofrece a un autor del inmenso talento de Víctor de la Fuente son francamente sugestivas. La saga lleva en su esencia todo el germen necesario para que de ella hubiese crecido un frondoso árbol tebeístico con numerosos frutos de extraordinaria calidad.
Mathai-Dor es, con total seguridad, una obra maestra del tebeo español que, lamentablemente, se quedó en la corta extensión de los dos álbumes aparecidos, a pesar de que la intención de Víctor era, sin duda, el prolongarla en el tiempo.
Una verdadera pena.
Ello no es óbice para que, obligatoriamente, Mathai-Dor deba estar colocada en los anaqueles de toda tebeoteca esencial que se precie.
© Manuel Darias