José Ortiz Moya (Cartagena, 1932) acaba de alzarse con el Gran Premio del 30 Salón de Barcelona (2012), en una edición de estos acreditados reconocimientos que también ha distinguido a José Domingo, por Aventuras de un oficinista japonés (Bang) , al recientemente fallecido Moebius, por Arzak el vigilante (Norma), y a Lola Lorente, por Sangre de mi sangre (Astiberri).Una trayectoria ejemplar
Como muchos historietistas de su época, José Ortiz empezó a dibujar siendo muy joven. Sus primeros trabajos como profesional ya le dan un cierto renombre. Series tan populares como: Sebastián Vargas, Dan Barry, el Terremoto, Balín, Pantera Negra y el Duque Negro, entre otras, culminan su etapa de aprendizaje, sublimando ya su inconfundible estilo con Sigur, el Vikingo, su mejor creación para el cuadernillo de aventuras.
A continuación, de la mano de la Bardon inglesa, en donde realiza historias bélicas, y de Toutain (S.I.), con una ingente producción para la Warren norteamericana, atraviesa una larga etapa de agobiante trabajo que dura unos cuantos años. En los setenta y ochenta se produce el reencuentro con el aficionado español, que tiene la oportunidad de disfrutar con su arte visionando obras tan excelentes como: El Cuervo, la ya citada Hombre, Burton & Cyb y Juan, el Largo.
Además del Gran Premio de Barcelona, José Ortiz ha sido galardonado con distinciones tan prestigiosas como: el Warren “Best all around artist” (1974), el Diario de Avisos “a la totalidad de su obra realista” (1987) y el Paparajote de Oro de la Asociación de Amigos del Tebeo de la Región de Murcia “a su labor profesional” (1998).
En el año 1982, en un viaje a Valencia, tuve la oportunidad de contactar con José Ortiz, al que hice una entrevista que luego apareció en mi página HISTORIETA del DIARIO DE AVISOS (Tenerife). Una interviú que ahora, debidamente condensada, reproduzco como homenaje al genial dibujante cartagenero.
Técnica y documentación
- ¿Qué técnicas utilizas?
“Yo he dibujado mucho sólo a pincel. Por ejemplo, casi toda mi producción bélica para Inglaterra la realicé enteramente a pincel. Pero un día tuve que hacer una serie de aviones y me di cuenta de que tenía que volver a utilizar la pluma, que fue el utensilio de mis inicios como historietista”.
- ¿Eres amante de las técnicas fotográficas?
“Las odio. Odio las ampliadoras. Odio el cartabón y el compás. Creo que las líneas deben realizarse a pulso pues, de esa manera, el dibujo sale más jugoso”.
- ¿Te gusta documentarte?
“Sí. Lo que pasa es que para eso hay que disponer de tiempo. Yo he preparado, en ocasiones, una documentación completa y luego, al realizar la historieta, me he olvidado de ella y casi no la he usado. Tengo buena memoria y soy capaz de dibujar detalles que ya he visto en libros o películas. Jamás se me ocurriría presentar una cosa detallada, en primer plano, sin saber exactamente cómo es”.
La viñeta madre
- Tus dibujos tienen mucha fuerza. ¿A qué crees que se debe esto?
“Es por hacer tanto dibujo semanal. Se me ha roto la mano dibujando. He hecho muchos bocetos en todas las posiciones, desde todos los puntos de vista, usando muchos tipos de planos. Por poco que piense en una página ya sé cómo moverla y cómo tratarla. Yo pienso, además, que en toda plancha debe haber una viñeta que sea la madre de la página. Dado que es difícil hacer todas las viñetas portentosas, yo intento, al menos, dar algo especial en alguna, que enriquezca a las demás”.
- ¿Qué historietistas han ejercido mayor ascendiente sobre ti?
“Jesús Blasco y Luis Bermejo han sido los dos historietistas que más me han influido. Aquellas series de Cuto y los Sioux… Yo era un forofo de Jesús Blasco y me dio mucha alegría conocerlo en la entrega de los Premios CAH hace un par de años. Luis Bermejo siempre me impresionó por su limpieza de trazo. Con esto no digo que los dos artistas sean los mejores, para eso están los críticos, pero sí son los que más me han influido”.
Un dibujante clásico
- Algunos te consideran un clásico. ¿Consideras acertada esa apreciación?
“Será por los años que tengo. A mí eso de clásico me confunde. Algunos hablan de Leopoldo Sánchez o de Jordi Bernet como modernos y ya llevan muchos años en la profesión. No sé qué significa exactamente ese concepto de clásico. Aunque es obvio que hay autores americanos que quedaron anclados en una época y que se nota claramente que han quedado atrás en el tiempo. Yo me encuentro capaz de coger una cuchilla y rascar el papel o pegar un periódico y hacer los mejunjes que se me ocurran. Lo que pasa es que no me llena. A mí me encanta la limpieza de un Bernet, que lo puedes situar hace treinta años o meterlo en vanguardia. Ése es un gran mérito. A mí, en definitiva, lo clásico me suena a muerto”.
- ¿Tan muerto como el cuaderno de aventuras?
“Date cuenta de que, en la época del cuaderno de aventuras, tú eras el único responsable de la serie. Nosotros salíamos a pecho descubierto, dábamos la cara y teníamos que intentar mantenernos mucho tiempo. Actualmente aparecemos en una revista en la que salen cuatro o cinco autores y la revista funciona como tal. Se sustituye a un autor por otro y la publicación no se llega a resentir. Una serie que, en solitario, no podría mantenerse, tal vez porque no fuera comercial, es capaz de dar un toque de calidad, de esnobismo, a la revista. Con todo esto me hago un lío y, si opino, podría cogerme los dedos”.
El arte de simplificar
- ¿No hay actualmente confusión?
“Te voy a contar una anécdota. Con Bermejo siempre hablaba de lo que era simplificar una viñeta. Simplificar era quitar una serie de cosas accesorias, que las suprimíamos para no cargar la viñeta y darle importancia a un cierto aspecto de la misma. Entonces había un chavalín que lo imitaba y suprimía esas mismas cosas porque Luis las había eliminado pero sin haberlas dibujado antes. Y es que cuando Luis Bermejo las eliminaba era porque llevaba diez años realizándolas y le estorbaban. Lo hacía por pura lógica y el resultado era jugoso. Ahora hay confusión. Es cierto. Cualquier dibujante, hoy, es capaz de imitar a fulano o mengano y llegar a la confusión. El mérito de un artista es poner dificultades al que le quiere imitar. Parece difícil, pero es sencillo ponérselas”.
- ¿Tú crees? ¿Cómo?
“Dibujando rápido. Por el contrario, un dibujo muy elaborado, muy sesudamente pensado, tiene un proceso mecánico de estudio, de fotos, que puede hacer cualquiera. Pero a ver quién imita a Tha. Yo lo vi en Barcelona y le dije: “Cómo usas ese papel de acuarela con esa rugosidad?” Y me contestó: “Es que me sirve de freno, porque si no, me salgo de la página”. Eso no se puede imitar. Es imposible. Tha tiene una gran vitalidad y muchas narices. Sus dibujos se ve que tienen nervio, que están “hechos a mano”. Yo, cuando empiezo a confundirme, cuando no sé de quién es un dibujo, malo. La cámara está detrás”.
© Manuel Darias 