El ocho de noviembre del 2011 Santiago Valenzuela (San Sebastián, 1971), Licenciado en Bellas Artes, ha sido galardonado con el V Premio Nacional del Cómic, por su álbum Plaza Elíptica, publicado por Edicions de Ponent, que es la séptima entrega de Las aventuras del Capitán Torrezno. Es necesario recordar que este reputado reconocimiento, sin duda el más destacado a escala nacional, fue una valiente iniciativa que, en abril de 2006, Carme Chacón presentó para su instauración en el Congreso de los Diputados como una Proposición no de Ley. El Premio Nacional del Cómic está dotado con 20.000 euros y distingue a un tebeo publicado el año anterior, en esta ocasión en 2010, y escrito en cualquiera de las lenguas oficiales de España.
El Jurado del Premio Nacional del Cómic correspondiente a 2011, ha estado presidido por Rogelio Blanco, actuando como vocales, entre otros, Antonio Altarriba y Kim, los autores que ganaron en el pasado año.
Me alegro sobremanera de que el Premio Nacional del Cómic haya recaído este año en Santiago Valenzuela, un autor que, con su saga del intrépido Capitán Torrezno, ha demostrado una extraordinaria capacidad como narrador y una rara habilidad para introducirnos en los más curiosos y delirantes escenarios.
Felicito también a Paco Camarasa, responsable de Edicions de Ponent, un hombre que ha sabido valorar y confiar desde el principio en una serie que, sin haber contado con su amparo, posiblemente ahora no hubiese alcanzado tan notable éxito.
Los galardonados en anteriores ediciones han sido los siguientes:
2007: Max, por Hechos, dichos, ocurrencias y andanzas de Bardín, el superrealista
2008: Paco Roca, por Arrugas
2009: Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí, por Las serpientes ciegas
2010: Antonio Altarriba y Kim, por El arte de volar
2011: Santiago Valenzuela, por Plaza Elíptica
En el año 2002, con motivo de la concesión a Santiago Valenzuela del Premio Diario de Avisos “al mejor dibujo de historieta de humor” por Horizontes lejanos, el primer álbum de Las aventuras del Capitán Torrezno, le hice una interviú al historietista donostiarra que ahora, por su interés, aunque algo acortada por razones de espacio, creo oportuno reproducir.
La entrevista
- ¿Cómo se gestó la creación de Horizontes lejanos y su publicación por Edicions de Ponent?
“La publicación de Horizontes lejanos tiene que ver, precisamente, con el mundo de los concursos. El Certamen de Cómic del Injuve decidió ir un paso más allá del simple premiar y decidió dar la oportunidad a los autores, año tras año, de acercarse al mundo de las editoriales independientes y, caso de tener un proyecto decente entre manos, de publicarlo con una ayuda económica institucional. Yo ya tenía terminado el álbum y, gracias a la mediación de Felipe Hernández Cava, llegó hasta Paco Camarasa, que se mostró entusiasmado desde el principio y lo quiso para su editorial”.
- ¿Qué dimensiones has previsto para esta serie?
“Horizontes lejanos me lo planteé desde el principio como una saga y, también, como una especie de liberación personal. Llevaba años dibujando historias cortas de humor, protagonizadas por Néstor y el Capitán Torrezno, dos borrachines suburbiales, y empezaba a estar harto de barras de bar y de estrujarme el seso tratando de meter miles de viñetas y de chistes en tan poco espacio. De algún modo me había olvidado de mis orígenes que creo que, como todos los dibujantes, son las historias más o menos clásicas de aventuras, en un sentido amplio. Echaba de menos la imaginación, pero tampoco me veía lanzándome a una épica solemne, así que lo más natural era fundir los dos extremos, mezclando el pacharán con las avenidas de esfinges, sacando al Capitán del bar y llevándomelo por ahí a ver un poco de mundo. Dentro de lo que es la elaboración total de una obra, no hay nada tan agradecido como los preámbulos, la fase de proyecto, y ahí nunca me sé parar a tiempo. Meto más y más cosas, detalles, personajes, historias paralelas y, aunque al final trato de podar, nunca consigo bajar de las 120 ó 150 páginas por tomo. Las dimensiones finales de la obra prefiero callármelas para no asustar a nadie y para no empezar a recibir ofertas de balnearios y centros de salud mental”.
- ¿Cómo definirías tu estilo que, dicho sea de paso, es muy personal?
“Mi estilo lo definiría como chapuceramente entusiasta. Querría ser clásico pero no me da la mano, aunque creo que el segundo tomo está bastante mejor dibujado que el primero, y lo mismo el tercero respecto al segundo. Muchas veces pienso en dibujar algo más suelto, pero la historia me obliga a un estilo más utilitario. En cualquier caso esto no me preocupa mucho, porque creo que el cómic es por encima de todo un género narrativo. La verdad, no recuerdo ningún tebeo que me haya dejado huella por su dibujo, quitando quizá el trabajo de José Muñoz. Dicho de otro modo: con un buen dibujo no hay una buena obra, mientras que con un buen guión y un dibujo sólo correcto se han producido trabajos memorables (y de hecho, casi toda la Escuela Franco-Belga o la obra de Alan Moore y otros guionistas anglosajones podrían encuadrarse aquí). En cuanto a las historias que cuento, vienen de esa mezcla de realidad y fantasía, de humor y tragedia. Muchos lo han hecho antes y mejor. En general, creo que uno debería hablar de lo que conoce bien o, por el contrario, de lo que no conoce en absoluto, que es lo que engendra la fantasía, los refritos inverosímiles, los anacronismos, los homenajes inconscientes y, en suma, la sorpresa y tal vez la poesía. En cambio, lo que creo que no se debe hacer jamás es hablar a medias, de oídas. Entonces uno acaba haciendo historias de psicópatas y demás majaderías”.
- ¿Trabajas sobre un guión previo o improvisas sobre la marcha?
“Siempre he trabajado con un guión más o menos terminado, ya sea del tomo o del capítulo y, últimamente, ya escribo hasta la última palabra de cada bocadillo antes de encuadrar la primera página. Con el tiempo acabaré haciendo hasta acotaciones, como si le fuera a pasar el guión a otro dibujante. De hecho creo que ya lo hago, ahora que lo pienso. Proyectar es lo mejor de todo, es la fiesta. Y ponerse, después, a dibujar todo eso, es la resaca”.
- ¿Consideras fundamental para un historietista que sea un autor completo, es decir, que él mismo haga el guión y los dibujos?
“Lo del autor total, dibujante y guionista (en este orden, desgraciadamente), no es que lo vea necesario, es que me parece totalmente perjudicial para el medio, e incluso puede que sea una de las razones de su declive en nuestro país. En Francia hay guionistas. No sé de dónde viene esa suposición de que un dibujante, por el hecho de serlo, deba por fuerza de tener historias que contar y los medios para hacerlo. Si a uno le pagan poco, sólo faltaba tener que repartir con un guionista que, para colmo, si tiene un mínimo de oficio, cumple con su parte en la décima parte de tiempo que el dibujante. Y así nos luce el pelo. Ya sé, menuda caradura que tengo para hablar así siendo como soy también un “autor total”, pero es que lo que yo querría ser en el fondo es sólo guionista”.
Álbumes del Capitán Torrezno
* Horizontes lejanos (2002)
* Escala real (2003)
* Limbo sin fin (2003)
* Extramuros (2004)
* Capital de provincias del dolor (2005)
* Los años oscuros (2006)
* Plaza Elíptica (2010)
© Manuel Darias 