Antonio Hernández Palacios (Madrid, 1921 - 2000) ha sido, con total seguridad, uno de los creadores más brillantes del tebeo realista español de todos los tiempos. Me molesta enormemente que un historietista de su talla, tan sólo
una decena de años después de su muerte, haya caído en un olvido casi absoluto. Sé que esto es ley de vida y que no es el primer dibujante al que la niebla del tiempo cubre su obra con una pátina ominosa. Es algo que, con la edad, he entendido y asumido, pero con lo que no me he conformado jamás. Por ello, de vez en cuando, hago un alto en la apremiante actualidad y dedico esta página especializada al recuerdo de alguno de los grandes viñetistas patrios fallecidos y, sobre todo, a los que, en vida, siempre consideré unos buenos amigos de esta veterana sección dedicada al Noveno Arte.
Trayectoria profesional
Después de cursar estudios en la Escuela Estatal de Cerámica y en la de Artes y Oficios, Hernández Palacios trabaja con un dibujante litográfico que le enseña el oficio. Una vez finalizada su obligada pausa profesional a causa de la Guerra Civil Española, se convierte en un artista multidisciplinar, abordando trabajos tan variados como: carteles, pinturas murales, retratos y dibujos publicitarios, haciendo además sus primeros pinitos tebeísticos en la revista Chicos y en la Editora Valenciana.
En los años cuarenta y cincuenta, pinta los murales de la Escuela de Automovilismo de Villaverde (España) y los de la Feria de la Paz de Santo Domingo (República Dominicana). Su firma adquiere entonces notoriedad en el universo de la publicidad, colaborando con empresas tan importantes como: Osborne, Codorníu, Laboratorios Roche, Philips y Firestone, entre otras.
En 1961, para la madrileña Editorial Rollán, regresa de una manera coyuntural al universo del globo y la viñeta, dibujando la colección Doc Savage con guiones de González Casquel.
La revista Trinca
En 1970, cansado de hacer publicidad, Palacios inicia una fructífera colaboración con la recién aparecida revista Trinca, publicando dos obras: Manos Kelly, su primera creación importante como historietista, un western equilibrado y desmitificador, con la visión de un español en la conquista del Oeste llevada a cabo por los colonizadores estadounidenses; y El Cid, saga en la que narra los avatares bélicos de una de las figuras caballerescas más populares de España. En 1972, acompañado en Sevilla por mi buen amigo Pedro Tabernero, del que nada sé desde hace años, tuve la oportunidad de contemplar una exposición comisariada por él que, días antes, había sido cerrada abruptamente por la autoridad gubernativa a causa algunos tímidos desnudos. En aquella interesante muestra me llamó poderosamente la atención unos originales de Manos Kelly y de El Cid, presentados en blanco y negro, pero que, al cubrirlos con unos acetatos coloreados, dejaban las páginas sensacionalmente iluminadas.
El resultado final era francamente impactante.
Años después, el propio Palacios me diría lo siguiente refiriéndose a aquellas planchas: “Fue un sistema que usé para “convencer” a los editores, dada su espectacularidad”.
Mac Coy
Teniendo como antecedente Manos Kelly, Hernández Palacios lleva el género western a sus últimas consecuencias en Mac Coy. La serie, que consta de veintiún álbumes, está ambientada en la Guerra de Secesión norteamericana y protagonizada por un duro capitán del ejército sudista, un antihéroe derrotado en la conflagración bélica, que queda marcado con el sello fatídico de los perdedores.
Hernández Palacios, que era un artista muy riguroso, recababa una gran documentación histórica para realizar sus tebeos. En el caso de Mac Coy leyó todo cuanto pudo encontrar sobre el Oeste y consultó infinidad de dibujos realizados por artistas aquel tiempo, que dejaron para la posteridad múltiples ilustraciones sobre armas, máquinas, carros, vestidos, aperos y edificaciones de todo tipo.
Eloy
Su segunda gran serie fue Eloy. Este personaje protagoniza una historia que arranca en la Guerra Civil Española, cuyo guión estaba perfectamente estructurado por el historietista, desde su aparición en el fallido intento de la toma del Alcázar de Toledo, hasta su muerte, ya en plena Segunda Guerra Mundial cuando, formando parte de la División Leclerc, colaboraba en la liberación de París.
Mientras trabajaba en Eloy, Palacios, que era un excombatiente republicano, sintió que de nuevo retornaban a su pituitaria los viejos olores de las trincheras e igualmente retornaban las imágenes a color que se le habían quedado grabadas indeleblemente en sus retinas. La Guerra Civil Española aparecía casi siempre fotografiada en blanco y negro en las hemerotecas, mientras que él la había vivido en color y de esa manera la recordaba. Así pues, realizar la saga en color fue su primer objetivo.
Palacios culminó cuatro álbumes de esta inacabada colección, que fue producida por Ernesto Santolaya para Ikusager, una de las casas editoriales más interesantes de la época.
La entrevista
Para rematar esta breve semblanza de Hernández palacios, procederé a reproducir una corta entrevista que le realicé en 1976, especial para esta página, con la intención de incorporar finalmente sus propias palabras a este artículo.
- ¿Cómo fueron tus inicios?
“Hace unos cinco años y harto de hacer otras cosas más aburridas, decidí intentar algo más ameno”.
- ¿Tuviste algún maestro?
“No”.
- ¿Cómo nació tu ya famosa colaboración con la revista Trinca?
“En principio planeé tres personajes. Uno de ellos femenino, Nuri Eva, pensado para adultos, El Cid y Manos Kelly. Tres planchas de cada. Surgió después Trinca y…”
- ¿Qué es lo que más te preocupa cuando estás frente al tablero de dibujo?
“Para mí, el tener algo que decir e intentar decirlo es, a la hora de trabajar, lo que más me importa”.
- ¿No piensas que el color es una baza fundamental en tus historietas?
“Creo que el color “vende”, como se dice en publicidad, pero si me dieran a escoger, lo haría todo para blanco y negro”.
Nace Mac Coy
- Hablemos de tu personaje Mac Coy, que actualmente triunfa en Francia.
“Mac Coy me fue sugerido por Claude Moliterni cuando él llegó a Dargaud, proporcionándome incluso los guiones que hace J. P. Gourmelen.
El personaje me ha otorgado el Yellow Kid, el Gran Guinigui de Lucca 74, y el Phenix al mejor dibujante extranjero en Francia”.
- ¿Proyectos inmediatos?
“Trabajo ya en la nueva serie que se titula Eloy, uno entre muchos. Es un intento de llevar nuestra guerra civil, con todo respeto y rigor, a este medio. Lo que llevo hecho creo que es lo mejor de todo lo que he realizado hasta ahora. Su presentación se hará en el próximo festival de Lucca”.
© Manuel Darias 